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Vicente López
miércoles 22 mayo, 2024

Un día perfecto para Wim Wenders, que presentó un filme excepcional

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Los protagonistas de Perfect Days
Los protagonistas de «Perfect Days»

La presentación este jueves en la Selección Oficial del bello y encantador filme de Wim Wenders «Perfect Days», sobre un trabajador que limpia baños públicos en Tokio, lo puso en punta y como candidato casi irresistible a la Palma de Oro que el Festival entrega este sábado. El alemán ya alzó la Palma de Oro pero 39 años atrás, con la sorprendente «Paris, Texas», que dejó al mundo con la boca abierta durante varios años.

«Perfect Days» es la segunda vez que Wenders explora la capital japonesa luego de su magnífica «Tokio-Ga» de 1985, donde recurría al documental para hablar del maestro del cine nipón, que en parte ayudó a popularizar en Occidente, Yasujiro Ozu, autor de obras maestras como «Cuentos de Tokio», por citar sólo la más conocida y la que rápidamente viene a la memoria.

En «Perfect Days», Wenders vuelve a la sensibilidad y limpieza de sus mejores momentos para una historia sobre las formas de belleza que puede adquirir la vida alejada de las ambiciones más banales y fatuas, que son las que suelen mover los hilos en la vida de todos.

Hirayama (gran interpretación de Koji Yakusho) se levanta todas las mañanas, sube a su pequeño vehículo y recorre baños públicos de Tokio, que limpia con esmero y pulcritud. Los baños de Tokio son, en sí mismos, obras de arquitectura superiores y se disfruta cada uno de ellos, aunque esto pueda parecer extraño. Unos tienen formas cónicas y se reúnen de a cinco, por ejemplo; otros cambian el color de sus vidrios al cerrarse el pestillo de la puerta y de transparentes pasan a impedir el pasaje de la luz y vuelven invisible el interior.

Wenders se detiene también en los árboles de las plazas, en la extraña belleza de las autopistas, en el río que cruza la ciudad con sus puentes, en torres luminosas, en techos de chapa, en calles angostas y pequeñas, en las distintas horas del día.

Win Wenders Foto AFP
Win Wenders. (Foto AFP)

La vida de Hirayama es rutinaria, repetitiva, hace el mismo trabajo, come en los mismos lugares, cuando vuelve de la faena diaria estaciona el automóvil y toma una bicicleta vieja por la que anda por la ciudad haciendo recados o trámites, generalmente sonríe, nunca se queja, parece un ser bondadoso.

Casi no habla, su compañero de trabajo le dice a su novia: «no te preocupes, él no habla», y de hecho no se lo escucha hablar casi hasta el final de la película. Además de estas características posee otras; está aferrado a ciertos objetos que la sociedad tecnológica digitalizó y sigue prefiriendo el contacto material con algunas cosas: escucha música en casetes, lee libros en papel, anda en bicicleta, saca fotografías con una cámara instantánea con rollo que revela todas las semanas.

En el altillo de su casa humilde y limpia tiene una pequeña constelación de árboles y plantas que riega todas las mañanas con cuidado, en la biblioteca hay muchos libros.

Al igual que «Fallen Leaves», de Aki Kaurismaki, otro de los notables filmes de esta edición de Cannes no tan pródiga en grandes títulos, «Perfect Days» tiene una estupenda banda sonora y son las canciones, puestas en la casetera de la pequeña camioneta de Hirayama, las que marcan muchas veces el clima del filme.

Se escuchan temas de Janis Joplin, de Van Morrison, obviamente «Perfect Day», de Lou Reed, «Sunny Afternoon» de The Kinks, «Feeling Good», cantado por la dueña de una cantina a la que el personaje asiste habitualmente y decenas de otras; la canción, más que la música, está en el centro de la escena.

El director alemn con sus actores Foto AFP
El director alemán con sus actores. (Foto AFP)

Hirayama se ducha en un baño público, donde primero se enjabona sentado en un taburete y luego se sumerge en una pileta y aunque nunca es renuente, establece pocos contactos: con el mozo de un restaurante al paso donde come, con su algo desorbitado compañero de trabajo, con la mujer de la cantina donde va a veces y que canta «Feeling Good», con una sobrina que llega de improviso a vivir unos días con él y, por esta razón, con una hermana que no ve hace años, también con el exmarido de la mujer de la cantina que vino a verla para despedirse de ella porque tiene cáncer, que es con quien más habla en un malecón junto al río al atardecer.

Una decepción

También este jueves ingresó a la Competencia Oficial de Cannes, que el viernes entrega sus últimas dos películas, un drama algo tonto llamado «Last Summer», de la realizadora francesa Catherine Breillart, del que sería grosero preguntarse por qué formó parte de esta selección.

Hay un matrimonio adinerado compuesto por una jueza de menores y un abogado de renombre que ofrece charlas y seminarios permanentes, él de 65 años, tuvo un matrimonio previo, y ella de 50, una vida previa. Entre los dos tienen dos hijas adoptadas.

Un día llega a la casa el hijo del matrimonio anterior de él, un adolescente algo extraviado. Se produce un affarie entre la mujer del padre del adolescente y el adolescente.

Al terminar la función algunos periodistas dijeron que era la peor película del festival, otro contestaron: «hay peores» y los primeros preguntaron entonces: «¿dónde están?».


Fuente: Télam

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