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Vicente López
domingo 25 febrero, 2024

‘Se puede hacer más lento.. ¿o no?’

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Se puede hacer más lento.. ¿o no?

En este mundo en el que todos corremos la coneja, vivimos a los saltos, el tiempo no alcanza ni para tener un rato de tiempo, vivimos a las corridas del dólar y de la mano invisible del mercado y se nos acelera el pulso de solo pensar en el futuro… hay gente que propone bajar varios cambios. Y me interesó el tema. Lo llaman movimiento “slow”. Movimiento lento. Tal vez, si no se enteró de su existencia, es porque son un poco lerdos para difundir.

Lo que proponen: calmar el ritmo de vida de las personas.

Que en teoría suena muy bien, pero yo no sé si se puede aplicar a la vida moderna. Hay terrenos en los que si, ya se aplica. En la justicia, por ejemplo, todo va lentamenteeeee…. En la igualación social, ni te cuento…. va despaaaaacioooo… Y ni te digo, a la vista de los resultados electorales, en lo lento que va la conciencia democrática…

Porque hay cosas que no se pueden hacer lentamente. Asaltar un banco, por ejemplo. No podés entrar y decir: «Muchachos, toménselo con calma, disfruten este momento de la vida como nosotros, y lentamente, despacito, van poniendo la guita en estos bolsos. No hay apuro, pero si no lo hacen, los lleno de plomo». Hablando de ladrones. Andá a explicarle al banco que te vas a tomar unos días para pagar la tarjeta de crédito, porque pertenecés al movimiento Slow… Slow boleta, slow…

Incluso a la hora de comer. No entiendo el movimiento slow food, o comida lenta. Si tardás mucho en comer, porque comés lentamente, ¡se te enfría la comida, papá! Pero supongamos que vas a un restaurante Slow. Entonces se te enfría la comida, y le pedís al mozo que te la caliente. Y el mozo vuelve a la media hora, con el plato tibio, porque tardó tanto en ir y venir, porque va y viene despacio, y cuando te lo trae tibio vos tardás en comerlo y se te vuelve a enfriar, y le pedís al mozo que te la caliente otra vez, y así hasta que se funde el restaurant o hasta que te morís de hambre, y para colmo, lentameeeeeente. (A menos que un restaurante slow no tenga cocina y sirva todo frío. Pero ojo. Porque un almendrado, si no te apurás a devorarlo, te lo tenés que tomar del vaso).

¿Y cómo es la comida lenta? Porque si ponés un bife de chorizo a cocinar durante 3 horas, mejor comete la corbata. Ni hablar de un huevo frito slow. En cambio un mondongo necesita su tiempo, de preparación, y sobre todo, de digestión. 

Las cosas, además, tienen la velocidad que tienen. NO podés ir a pedirle a Daniel Baremboim, por ejemplo, a decirle: “Maestro, ¿me toca la novena de Beethoven pero en lugar de a 33 revoluciones por minuto, a 16?”

Ni hablar de ciertas actividades que requieren velocidad, como los deportes, el ring raje, o tratar de llegar a tu casa con dolor de panza.

Asi y todo, cada tanto me uno al movimiento slow. Cuando tengo que pagar algo en el banco, o la cola la caja del supermercado, o cuando llamo a la administración del edificio para que me solucionen algo: ¡esos si que son del movimiento slow! ¡Y fanáticos!

Y ahora que lo pienso más lentamente, hay muchos lugares “slow”: la fábrica de pastas un domingo al mediodía, el contestador de la prepaga para pedir un turno médico o la línea de atención al cliente de una empresa de internet cuando se cae el servicio. Esos si que compiten por el mundial de la lentitud.

Después están los lugares de veraneo slow: ¿Se puede ir a Mar de la Lentitud, por ejemplo, a 140 kilómetros por hora en un auto? ¿A cuánto hay que ir en la ruta? Porque si vas muy despacio, te pasás el fin de semana largo en la ruta. Y eso si tenés la suerte de que no se te pegue atrás un micro que tiene que cumplir un horario escasamente slow.

Pero… supongamos que vamos a uno de esos balnearios Slow. Si entrás al mar y te da un calambre y te empezás a ahogar ¿qué preferís: un bañero lento o a Michael Phelps o a José Meolans? Ni te cuento si te empieza a perseguir un tiburón fast…

Lamento informarles que vivimos en un mundo en el que las cosas van rápido, señoras y señores. Incluso el sexo, de acuerdo a con quién y adónde estés, a veces necesita cierta velocidad. Particularmente si hay riesgo de que te pesquen infraganti.

Y en el humor también hay que ser rápido. Imaginate estos mismos chistes malos, dichos lentamente. Ya los hubieras dejado de leer hace rato.

Como sea, es cierto que hay que bajar un cambio, o dos. El problema es que la vida moderna no te dan tiempo ni a apretar el embrague…


Fuente: Télam

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