domingo, noviembre 27, 2022

No se salva nada: encontraron agrotóxicos en leche de vaca

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Había una vez una civilización que creyó que echar venenos sobre la comida que producían era una buena idea. “Fulmina a las plagas”, dijeron. “Tenemos mejor rendimiento y producimos más cantidad de granos”, justificaron. 

Así, el agronegocio empezó a usar químicos con nombres difíciles: glifosato, atrazina, clorpirifos, paraquat. Eso sí, a los venenos los rebautizaron y los llamaron “agroquímicos” o “fitosanitarios”. ¿Habrá sido para disimular lo que sabían que pasaría?

Así, con venenos y semillas transgénicas, el paquete tecnológico se extendió como la mejor solución posible. Y si había quienes no querían sumarse a esta “revolución verde”, no le dieron casi opción. Les forzaron la mano con regulaciones y normativas que solo beneficiaban a los más poderosos.

Lo sabemos: esta historia no tiene nada de lindo. Ni siquiera su final, que no es feliz salvo que seas parte de las corporaciones que se llenaron de ganancias. Es que nos vendieron el cuento del progreso en la agricultura y nos dejaron con personas enfermas por las fumigaciones, muertes y monocultivo.

Atrazina en la leche, lo que reveló un nuevo estudio 

En este modelo de producción de comida nada se salva, ni la leche que se le da a niños y niñas como un alimento básico. Un estudio recientemente publicado en la revista internacional Science of the Total Environment encontró atrazina en 90 por ciento de las muestras de leche bovina cruda analizadas. 

La atrazina es un herbicida que llegó a la Argentina en 1960, explica Patricio Eleisegui, periodista y autor del libro Envenenado y Agrotóxico, en su nota para Revista Sudestada. Y añade: “en Europa carga con un largo prontuario por su comprobado efecto nocivo sobre poblaciones de peces, aves y reptiles”. Tanto es así que “la aplicación del plaguicida está vetada desde 2004”, agrega.

Se comprobó que el veneno llega a las vacas a través del agua que toman, que está contaminada. Esto ocurre porque la atrazina (que es un herbicida) puede bioacumularse con el tiempo lo que implica que tiene consecuencias a largo plazo, afectando a las siguientes generaciones también. 

La investigación fue realizada por Noelia Urseler, Romina Bachetti, Fernanda Biolé, Verónica Morgante y Carolina Morgante, científicas de la Universidad Nacional de Villa María, y la Universidad Bernardo O’Higgins de Santiago de Chile. 

Si bien esta noticia llega desde Córdoba, podría ocurrir en cualquier otro lugar donde se produzca lo que comemos en base al uso de agrotóxicos. 

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