Nació como almacén en 1900. Políticos como Scalabrini Ortíz, forjaron en sus charlas de café, parte de la historia de la Nación y el Partido.

Corría el año 1900 (aún no existía el Municipio de Vicente López), cuando Don Féliz Lázaro Parodi abrió las puertas de su Almacén de Ramos Generales y despacho de bebidas en la esquina de Santa Fe (hoy Ricardo Gutiérrez) y Salta, en el paraje “de los Olivos” del Municipio de San isidro, antes llamado “Pago de la Costa”.

El 21 de diciembre de 1905, por ley provincial se crea el Municipio de Vicente López y ya el almacén de Parodi era famoso entre los quinteros del pago, que ataban sus carros y caballos al palenque que estaba frente al despacho de bebidas, mientras tomaban una “ginebrita” después de realizar sus compras en el almacén. Debió haber algo en esa esquina, aún las hiedras trepadoras de la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos no estaban ni cerca de ser esa maravillosa cascada verde que refleja el sol del mediodía, fueron los hijos de aquellos ingleses que vinieron a construir los ferrocarriles los que festejaban con whisky el resultado de las carreras que con sus flamantes Ford A corrían alrededor de la plaza. En 1910 el Presidente de la Sociedad Forestal Argentina conjuntamente con el Intendente J: M. Gutiérrez, en la fiesta del Árbol, planta los primeros árboles en la Plaza Principal frente al establecimiento.

Pasó el tiempo, Olivos siguió creciendo y en el año 1936, año en que se inaugura el Palacio Municipal propio, los hermanos Gandini compraron toda la propiedad y la reformaron separando el almacén del despacho de bebidas, dando así lugar al nacimiento del actual “Gandini”.

Deportistas, políticos y artistas de renombre como Scalabrini Ortiz y otros, han forjado en sus charlas de café, parte de la historia de la Nación y el Partido, sobre las mesas del “Gandini”. Como ayer, hoy sigue desfilando mucho de la vida, la cultura y la política local y nacional.  Por todo eso y mucho más es que podemos decir con orgullo que el “Gandini” es uno de los más viejos y tradicionales bares de Olivos y de todo Vicente López.

La idea de la división era de la época de los Parodi. “Solían venir a beber alguna copa muchos jovencitos y para que el comentario no llegara a sus padres, les habilitaban una oficina, donde ahora está el bar”. La que cuenta la historia es Beatriz Moure, al frente del Bar Gandini desde hace más de 20 años junto a su marido Norberto y su hija Mariana.  Y se ríe cuando dice que algo de aquel origen de trampa debe haber quedado en el ambiente, porque hasta el día de hoy, hay caballeros que no dejan pasar a por su “tecito”, que no es otra cosa más que un whisky en taza de loza blanca. (Y quien los culpa, con ese enorme ventanal a la plaza que no deja escapar detalle).

La plaza Vicente López marca el movimiento del barrio. La entrada y salida de los colegios, la parroquia, la estación Borges del Tren de la Costa, la Casa de la Cultura de la Municipalidad, la feria artesanal. Todo pasa dos cuadras para acá, dos cuadras para allá. Los Moure fueron reconstruyendo la historia del bar a través de los vecinos. “Uno de nuestros clientes, que nos seguía desde la época en la que teníamos la concesión en el Automóvil Club Argentino, en Corrientes y Libertador, nos contó que de jovencitos corrían carreras en sus Ford A y Ford T alrededor de la plaza, como mencionamos, eran hijos de los ingleses que habían venido a hacer los ferrocarriles”, repasa.

Entre las cosas que quedaron dando vueltas detrás del mostrador del Gandini se destaca el espíritu del Poderoso. “Hace un tiempo apareció un señor muy trajeado, grande, pelado, canoso. Entra al bar, me mira y pide un Poderoso para llevar. Nosotros nunca lo habíamos hecho, pero yo sabía que ea un pebete de jamón y queso con papas fritas de copetín sobre un buen colchón de mayonesa”.

Mientras entregaba el sándwich, beatriz no pudo con su genio y preguntó. “El señor venía al bar más o menos en el ’63. Se fue a vivir a los Estados Unidos y estaba de visita en el país con su hijo. Le había hablado tanto del Poderoso, que quería llevarle uno para que pudiera probarlo”, remata.

A través de la ventana el sol pega lindo e invita. Y entonces es fácil imaginar la escena que describe Beatriz (con una cadencia que hace justicia a sus años como cantante de jazz). Es la década del ’40, en la mesa 5, la del fondo. El “búnker” desde el que Raúl Scalabrini Ortíz estudiaba y desarrollaba sus pensamientos sobre la estructura de los ferrocarriles. Al caer la tarde aparece un jovencísimo Pino Solanas, y pasa por la vereda del bar para ver si encuentra a su admirado Scalabrini Ortíz. Se sienta, lo escucha, empieza a soñar sobre rieles.

Las paredes british style de Gandini fueron escenografía de muchos programas de tevé. Sobre todo aquellos de los años ’80 y ’90. Y también había vecinos famosos que eran habitué, como Juan Carlos Altavista (Minguito), Luis Sandrini, en otra época, y Nicolás Vázquez y Esteban Prol, por estos tiempos.

Y su café ha sido ponderado desde La Boca hasta ¡Miami! ¿El secreto? “Lo preparo como a mi me gusta. Para que no sea tan fuerte abro la canilla y cuento mentalmente hasta tres, y recién ahí pongo la taza”, devela Beatriz. Y hay que creerle, porque el cortado está delicioso y dan ganas de hacer marchas una segunda vuelta.

Fuente: Centro de Investigación Histórica de Vicente López

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