En vacaciones viajó de Florida a Salta para ayudar a los wichis

Luego de un año duro por su trabajo y por ser víctima de un grave hecho de inseguridad, un vecino de Florida tenía todo preparado para irse de vacaciones. Pero un informe periodístico sobre la pobreza en Salta le hizo cambiar todos los planes. Finalmente cambió la playa y manejó 3 mil kilómetros para llevar ayuda a las tribus wichis.

Dicen que los héroes no siempre vuelan ni tienen superpoderes. Algunos son personas comunes, quienes simplemente hacen su aporte para cambiar el mundo. La historia de Diego Fontela Vázquez nace muy cerca de la Panamericana, en el barrio de Florida. Luego de atravesar un año complicado por el trabajo y por ser víctima de la inseguridad, este comerciante de 35 años decidió planificar unas vacaciones junto a su familia para dejar atrás todo lo malo y volver a renovar las energías.

Sin embargo, lo que comenzó como un viaje de placer, terminó siendo una increíble travesía solidaria. “Todo comenzó cuando vimos una nota en un programa periodístico donde mostraban que en las tribus indígenas del norte de nuestro país, la estaban pasando mal, e incluso había muerto un chico por desnutrición”, recordó Diego, quien sensibilizado por las imágenes, contó cómo se le ocurrió la idea de llegar hasta allá: “Con mi familia queríamos concretar un viaje y fue ahí donde surgió la iniciativa de viajar al norte y aprovechar a juntar cosas para llevar y ayudar”.

En pocas horas, Diego junto a su familia ya tenían todo decidido: Resignarían la playa y el mar y viajarían 1400 kilómetros hasta la calurosa Salta para auxiliar a las tribus wichis, que suelen ser noticia por las condiciones precarias en las que viven. “Al principio empezamos de boca en boca, contando lo que íbamos a hacer y vimos que nuestros familiares se fueron copando. Después le dijimos a los amigos, a través de los grupos de Whatsap y por Facebook. Y así fue que todos comenzaron a revisar los placares, separando cosas que les iban sobrando, ropa que ya no usaban, a punto tal que llegamos a juntar tantas cosas que nuestro equipaje no nos entraba en la camioneta”, relató a NoticiaNorte. Al recordar su aventura, el joven continuó: “Nosotros nos fuimos sin hacer ningún tipo de reserva y nos mandamos directamente, viendo donde íbamos parando. Cuando llegamos a Salta, paramos en un hotel en el centro donde nos comentaron que los aborígenes que estaban pasando mayores necesidades estaban sobre la Ruta 81. Y así fue que terminamos en la tribu ‘La Chirola’, antes de llegar a Dragones, donde vimos que la situación era crítica”.

Una vez en la tribu, no todo fue color de rosas, ya que al estar poco acostumbrados a recibir cualquier tipo asistencia, los aborígenes desconfiaron de Diego y se lo hicieron sentir. “Al llegar al lugar, me acerqué a un hombre mayor que no hablaba español, entonces con señas me hice entender que llevábamos cosas para ayudar. Luego nos llevaron hasta la cabaña donde estaba el cacique. Al principio se mostraron bastante desconfiados porque nos contaron que en épocas de elecciones allí va gente a reclamar algunos favores. Pero una vez que vieron que estábamos bajando cosas de la camioneta y que no les pedíamos nada a cambio, se empezaron a acercar un poquito más”. A pesar de la gran cantidad de ropa, juguetes y alimentos que trasladó desde Florida, los wichis se sorprendieron al ver que no era la única ayuda que había llevado: “Primero entregamos todas las cosas que llevamos desde casa y después, con la plata que habíamos juntado en Buenos Aires, fuimos al supermercado y compramos 4 changos en mercadería que también dejamos en el lugar”.

En declaraciones a NoticiaNorte, Diego repasó las sensaciones vividas de esta experiencia cruda, pero inolvidable. “No es una linda postal la que te llevás. Hay gente que no tiene ni un calzado, no tienen agua ni para bañarse. Las pocas ropas que uno puede llevar no las pueden lavar, entonces al poco tiempo se deterioran y las tienen que tirar. Muchos nenes sufren desnutrición, hay chicos con las piernas lastimadas, algunos están desnudos. Todo lo que ves es terrible”, mencionó el joven al recordar ese duro escenario. No obstante, aseguró que la experiencia lo hizo reflexionar, por lo que ya comenzó a moverse para enviar más ayuda: “El viaje te cambia la cabeza. De hecho, desde que llegué a casa empecé a juntar y ya tenemos un montón de cosas para mandar. El viaje no creo que lo podamos hacer de nuevo porque son muchos días, muchos kilómetros y muchos gastos que ahora no podemos afrontar, pero de alguna forma las vamos a enviar. Estoy en campaña para seguir mandando cosas porque la necesidad que hay es muchísima. Ver algo así te cambia todo”.

Por último, Diego recordó el sangriento episodio que debió atravesar su mujer, cuando en julio pasado fue baleada durante un intento de asalto en el barrio. En ese sentido, explicó que el viaje sirvió para intentar dejar atrás las operaciones, el miedo y la angustia, secuelas propias que les dejó ser víctimas de la inseguridad. “La verdad no fue un año muy lindo. Pasamos un hecho delictivo bastante grave con mi mujer. Un poco el viaje también era para despejarse, tratar de dejar ese hecho en el pasado, aunque es imposible. Pero la idea era distraerse un poco y salir del ámbito que se había generado”. “Gracias a Dios tenemos una hermosa familia que colaboró, mi mujer también es muy solidaria y tuvo mucha fuerza. Es algo muy lindo que vivimos entre toda la familia, estuvimos muy unidos y lo pudimos concretar”, finalizó. Tal como reza una vieja canción de Catupecu Machu, “siendo un guerrero en este lugar, peleando con el corazón y combatiendo tanta soledad”, Diego es otro de los tantos “héroes anónimos” disfrazados de vecinos que viven en nuestro barrio.

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