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Vicente López
miércoles 17 abril, 2024

El río Uruguay, un patrimonio de contrastes que atrae miles de turistas a sus costas

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Foto: Prensa.

El río Uruguay, el quinto más caudaloso de América del Sur, encuentra en la provincia de Entre Ríos una región de contrastes, ya que funciona como una frontera que une, como un movimiento económico con actividades en las que no importan los números, como un afluente que es el mismo pero a la vez distinto en cada rincón, como un lugar donde se cruzan historias, colores e identidades que convocan a conocerlo, disfrutarlo y protegerlo.

En sus cerca de 450 kilómetros de costa entrerriana, los pueblos tienen en común el amor por el río y mantienen el desafío diario de encontrar un equilibrio entre el desarrollo y la conservación, a sabiendas que la naturaleza y la herencia cultural van de la mano con la vida citadina, y que el agua no es sólo un recurso, sino también un patrimonio.

Los complejos termales en 16 ciudades, una agenda de fiestas populares muy variada, playas en cada rincón, los reconocidos carnavales, y actividades deportivas y culturales muy diversas, hacen de Entre Ríos un lugar que se puede visitar todo el año.

A través de la autovía nacional 14, rutas provinciales y caminos rurales, se puede llegar a la aventura o la tranquilidad -según los gustos- de ciudades reconocidas mundialmente y otros destinos poco conocidos, cada uno con una gran complejidad biogeográfica, social, cultural y ambiental.

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Es imposible recorrer en pocos días el abanico de atractivos que ofrecen, pero quienes conocen y viven allí, aseguran que si no se cuenta con mucho tiempo de vacaciones, un fin de semana largo permite -al menos- descubrir una microrregión sobre el río.

Algunas importantes son la «Salto Grande», que conforman Federación, Concordia, Salto (Uruguay), Chajarí, Santa Ana y Villa del Rosario; y la «Tierra de Palmares», ubicada entre Colón, San José, Villa Elisa, Liebig, Ubajay y San Salvador.

Festivales de todo tipo, ferias gastronómicas y eventos culturales llenan la agenda anual, que se combina con el turismo de reuniones y actividades deportivas.

El agua ofrece un sinfín de oportunidades para la práctica de deportes acuáticos como kayak, vela, remo, windsurf, navegación a vela, esquí acuático y natación.

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En tierra firme, los campos de golf, las canchas de tenis, el vóley playero, el ciclismo y competencias importantes como el TC 2000 (la primera fecha del año será el próximo fin de semana en Concordia), son opciones para aquellos que prefieren actividades deportivas fuera del agua.

Quienes nacieron al lado del río no imaginan una vida sin él. Cuando termina la jornada laboral, o cuando «hay un rato» para compartir el mate, una comida o simplemente una charla, hacerlo frente al agua «es el plan ideal».

«El río está al alcance de la mano, en cualquier momento y día vamos y se puede contemplar el atardecer, el cielo, las estrellas sobre el agua, que nos llega al corazón porque para nosotros es esencial», explicó a Télam Leonardo Schey, vicepresidente de la Cámara Entrerriana de Turismo (CET) y conocedor de la costa de Concordia, su ciudad.

Además de polo turístico y económico, el río también funciona como ecosistema y hogar de una amplia biodiversidad de flora y fauna, amenazadas por la mano y contaminación del hombre y el cambio climático.

Su costa alberga al 5% (unas 500) de las más de 9.500 especies de aves que existen en el mundo, y es la causa del nombre Uruguay, que proviene del guaraní y una de sus traducciones más aceptadas es la de «río de los pájaros». Para dimensionar la importancia que este río tiene en la avifauna mundial, todo el continente europeo registra unas 550 especies.

Esa amplitud de aves, muchas con un alto nivel endémico (que sólo viven y se reproducen en el lugar), acompañan los amaneceres, atardeceres y el reflejo de la luna en el agua con sus cánticos particulares.

Unas 500 especies de aves invitan a conocer más de su hábitat

La Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), organismo binacional creado en 1975 por Argentina y Uruguay, clasificó nueve diferentes ambientes donde viven y se pueden apreciar las cerca de 500 aves que habitan el río Uruguay, en una actividad para toda la familia.

A ellos se les agrega el Parque Nacional El Palmar, a 40 kilómetros de Colón y 65 de Concordia, que cuenta con un observatorio al que anualmente arriban cientos de aficionados para observar a más de 250 especies que conviven en el parque, el 25% de las familias que existen en Argentina.

Si uno busca realizar avistaje, lo esencial es «verlas sin ser visto»: ropa poco llamativa, hablar en voz baja, realizar movimientos lentos en círculos y paralelos a las aves para no ahuyentarlas, y los horarios más adecuados son el amanecer y las horas previas al atardecer.

En los bordes de caminos y rutas, el turista es acompañado por calandrias, jilgueros, chingolos, cardenales, espineros, caranchos.

Los campos de cultivos son el hogar de alados como el pecho colorado o los capuchinos; mientras que en zonas urbanas y suburbanas los gorriones, fruteros, lechuzas y rapaces de gran porte dan singularidad a las ciudades de la costa entrerriana.

Los pastizales con ñandúes, inambúes, tiránidos y el tordo amarillo (monumento natural provincial y especie en riesgo de conservación) sufren su destrucción para agricultura o forestación, lo que provocó una pérdida de la biodiversidad y disminución de las especies.

Los montes están repletos de horneros, espineros, carpinteros y trepadores, a pesar de su reducción a «pocos parches», ante el desarrollo de la actividad agrícola.

La selva en galería o ribereña es el hogar de fruteros, tingazúes, urracas y pavas de monte, aunque la urbanización no planificada (countries) y la invasión de cultivos leñosos exóticos, son sus principales enemigos.

Un sinnúmero de aves como patos, garzas, bigüaes y chorlos viven en los humedales, su lugar de refugio, alimentación y nidificación, afectados por los incendios y la mano del hombre.

Arroyos, cañadas y lagunas son la casa del martín pescador, gallinetas, jacanas, benteveos y patos, que se dejan observar y conocer su vida, hoy en día modificada por la contaminación del agua al estar cerca de producciones agrícolas y ganaderas.

Por último, el cauce principal e islas del río albergan especies únicas de hábitos migratorios como el águila pescadora, el halcón peregrino, rayadores, gaviotines.

Se alimentan principalmente de peces, por lo que es muy importante el cuidado de la calidad del agua ante los efectos de fertilizantes y contaminantes del agua.

En 2021, un estudio de la CARU detectó que los PCBs (sustancias químicas sintéticas) aún persisten y son acumulados en peces del río Uruguay, a pesar de haber sido prohibidos hace varias décadas.

También registró insecticidas, herbicidas y fungicidas, y zonas de aguas con presencia de aluminio 10 veces más de lo recomendado, tres veces la cantidad de amonio y seis veces más del hierro permitido por normativas internacionales.

Asimismo, los monitoreos sobre la calidad de agua en cada una de las playas coinciden en un aspecto «limpio, sin floraciones algales visibles» por lo que pueden usarse para «uso recreativo» y sin «niveles de alerta de bacterias tóxicas», según el último análisis reportado el 12 de febrero pasado.

Muchas aves tienen sus nidos en una costa y cruzan diariamente en busca de su alimento al estar «a vuelo de pájaro», frase que se utiliza para referirse a un camino corto entre dos lugares.

El Uruguay es el principal moldeador de los suelos de su cauce, condicionando la posición y altura del suelo, con predominancia de la llanura levemente ondulada, y algunas zonas de afloramientos rocosos.

En tanto, su cuenca tiene una superficie de 360.000 kilómetros cuadrados, casi cuatro veces el territorio de Portugal (92.000 km. cuadrados), y más grande que toda Alemania (357.000) o Italia (302.000).

Allí conviven más de 120 especies de peces, como el dorado, patí, surubí, sábalo y boga, y es considerada una de las áreas de mayor biodiversidad de peces, lo que hacen del río un lugar predilecto para la pesca deportiva con devolución, siempre con guías habilitados.

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También residen animales como carpinchos, tortugas de agua, serpientes, gato montés, lobitos de río y el aguará guazú, especie que se encuentra en peligro de extinción y del que se estima que existen cerca de 700 ejemplares en todo el país.

El paisaje de agua se complementa con más de 110 especies de árboles y arbustos, un gran santuario de variedad gracias al aporte de diferentes corrientes florísticas, entre ellas las chaqueña, pampásica y la subtropical que llega desde la Mata Atlántica brasileña.

Con las raíces en contacto directo con el agua se ubican bosques de sauces, palos amarillos, mata ojos y laurel de río, y sobre suelos húmedos permanecen ejemplares de arrayán, guayabo, viraró, palo cruz y mora, entre otros.

En zonas más alejadas del agua, con más luminosidad y suelos bien aireados, se ven espinillos, cedrón, tala y cina cina, mientras que en costas más altas -con suelos arenosos y rocosos- hay palmares de yatay, ñandubay, algarrobo negro, quebracho blanco, espinillo, carne gorda y manatí.

Muchos tienen efectos medicinales, y fueron utilizados por pueblos originarios como los Chaná, que contaban con una gran sabiduría sobre hierbas y tenían uno de los mayores herbarios con virtudes, simbología y propiedades ocultas de cada una.

El lecho del río presenta rápidos a modo de escalones, el mayor de ellos -el «Salto Grande»- ocupa todo el ancho del cauce, y desde 1978 se emplazó allí una represa hidroeléctrica, por lo que la zona perdió la dinámica natural e incluso obligó a cambiar de lugar a tres ciudades enteras (Federación, Belén y Constitución).

La economía regional depende fuertemente del río, al utilizarlo como fuente de energía hidroeléctrica, como riego para cultivos, y para la navegación comercial.

En los puertos internacionales de Concepción del Uruguay e Ibicuy, desde donde se exporta madera de Entre Ríos y Corrientes, entre otros productos, más de 30 buques llenaron sus cargas en 2023, la mayor actividad registrada en los últimos 25 años.

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Además, el río permite una de las pescas comerciales más importantes de la zona, y un turismo que se erige como la mayor fuente de ingresos para las comunidades ribereñas, que promueven el desarrollo económico sustentable.

A lo largo de la historia, las tierras aledañas al río Uruguay han sido habitadas por diversas comunidades, desde pueblos originarios y jesuitas, hasta colonizadores europeos que llegaron en el siglo XVI e inmigrantes siglos después, y cada uno dejó su marca en esa tierra fértil.

Esa mezcla impregnó la región de una rica herencia cultural que se puede apreciar en la arquitectura, gastronomía y festividades de la zona.

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Los originarios no lo usaban como frontera: tomaban la dinámica fluvial para elevar lugares y aislarlos de crecidas, los ríos eran rutas de comunicación y comercio, y entre los montes nativos y humedales escondieron un patrimonio vivo, tangible e intangible de sus formas de vivir, que se tratan de salvaguardar y proteger.

Para ello se avanza en la creación de áreas protegidas, programas de educación ambiental, y otras medidas de prevención, mitigación y adaptación.

En 1997, el pueblo entrerriano realizó múltiples reclamos y logró que se sancione la Ley provincial 9092, conocida como «La ley anti represas», la primera en el mundo que prohíbe la creación de nuevas represas, y declara a los ríos y cursos de agua «bienes de la naturaleza».

En un mundo actual en el que irrumpió la IA y los lentes que interponen tecnología entre el ojo humano y la naturaleza, la costa entrerriana del río Uruguay recuerda la importancia de preservar y valorar este entorno natural.

Telam SE

De Federación a Villa Paranacito, los pueblos que acompañan y se nutren del río Uruguay

La Cámara Entrerriana de Turismo (CET) detalló que el corredor turístico del río Uruguay, con unas 17 localidades, concentra el 75% de las más de 54.000 plazas hoteleras que tiene Entre Ríos, a las que se suman una diversidad de campings, parahoteles (hoteles informales) y casas o departamentos de alquiler por día.

Asimismo, indicó a Télam que la provincia detectó este último verano una «muy importante cantidad de excursionistas» que llegan para un evento o conocer una ciudad, y vuelven a sus localidades sin dormir.

Esta costa entrerriana invita a conocer sus atributos naturales, carnavales, y el amor por el agua, en todas sus localidades de norte a sur:

• Chajarí: A 90 kilómetros de Monte Caseros y unos 185 de Uruguayana (Brasil), propone pesca deportiva, excursiones por el agua y por los naranjales, un complejo termal de siete piscinas con cabañas y camping. Su balneario municipal seduce con sus playas de arena y piedra, en una región repleta de balnearios y canteras para conocer.

• Villa del Rosario: 10 kilómetros al sur de Chajarí, es conocida como el «Pueblo de las Mandarinas». Tiene dos fiestas importantes: en enero, que honra a las corrientes migratorias que recibió y en julio, a esa fruta cítrica. El turismo rural y gastronómico se agregan como actividades infaltables.

• Santa Ana: Frondosos citrus y una diversidad de verdes bordean el camino de entrada a esta ciudad ubicada a 22 kilómetros de Chajarí. El lago Salto Grande, sus playas de arenas blancas y aguas limpias captan los sentidos de sus visitantes. Los recorridos por campos de producción citrícola, el turismo rural y de estancias, sus campings y la gastronomía completan la oferta.

• Federación: al noreste de la provincia, cuenta con la primera perforación termal de la Mesopotamia Argentina, y uno de los parques acuáticos más grandes de Sudamérica, con aguas termales con propiedades terapéuticas que forman parte del Acuífero Guaraní, y piletas de todos los tamaños y edades. La ciudad complementa la propuesta con reservas naturales para hacer caminatas y avistajes, playas, un lago y algo que no muchas ciudades del mundo cuentan: las ruinas de la vieja ciudad.

• Concordia: «Nacemos y crecemos con ese espejo monumental que amamos; está en nuestro ADN», señaló a Télam el intendente, Francisco Azcué. Concordia combina la actividad de una ciudad populosa con la tranquilidad de la naturaleza y la amabilidad de sus habitantes. Es un punto elegido para la pesca deportiva. El lago de Salto Grande llega a ella con playas de piedras y arena. Se suma una reserva natural, tres complejos termales, viñedos, casinos y carnavales, entre otros atractivos y propuestas. El Parque San Carlos funciona como un pulmón verde por su selva en galería y jardín botánico.

• Puerto Yeruá: Considerado un paraje ideal para los que necesitan de la paz de la madre naturaleza, el murmullo constante del río frente a la extensa costa con barrancas, invitan a descansar sobre ese paisaje y guardar las mejores vistas panorámicas a 33 kilómetros de Concordia. Es un lugar predilecto para realizar deportes acuáticos, pesca, senderismo, cabalgatas y caminatas.

• Nueva Escocia: llamado el «Caribe entrerriano» por sus arenas y aguas cristalinas, el sello de seguridad y tranquilidad que lleva en sus campings, playas y ciudadanos, concentra su potencial en hacer relajar al turista.

• Parque El Palmar: sitio Ramsar con importancia y protección internacional, se erige como reservorio de historias y ecosistemas extraordinarios. En sus 8.213 hectáreas confluyen miradores con paisajes y atardeceres únicos, entre arroyos, bosques y selvas a los que se puede llegar en auto, moto o bicicleta (no hay transporte público). «La Calera del Palmar» es uno de los más elegidos. En la zona conviven vestigios de comunidades originarias del 1200, como un cementerio del siglo XVIII; expediciones españolas y asentamientos jesuitas; el paso de Urquiza; una empresa que se instaló en 1955; y el inicio del Parque, en 1966.

• Pueblo Liebig: patrimonio histórico y cultural de Entre Ríos, fue fundado en 1863 a partir de industria frigorífica inglesa que se instaló allí. Conserva construcciones de entonces. Se agregan propuestas de turismo rural, pesca y deportes terrestres, playas y bancos de arena.

• San José: a 9 kilómetros de Colón, se ubica con una de las termas más solicitadas, que además funcionan como «balcón» hacia el río y la costanera. La ciudad «tiene unos 25 atractivos turísticos, recreativos y de historia», relató el intendente, Gustavo Bastián, y recordó que fue la segunda colonia agrícola de inmigrantes del país, después de Esperanza (Santa Fe). El Molino Forclaz invita a recorrer las formas de producción y costumbres de estilo holandés. La ciudad tiene más de 10 paseos, que combinan aspectos históricos, culturales y naturales.

• Colón: es una de las joyas turísticas de la provincia gracias a su hermosura natural, distribuida en 10 kilómetros de playas y un renovado complejo termal muy cerca del Parque Nacional El Palmar. El río brinda es escenario de diversos deportes acuáticos. Las termas disponen de un amplio parque, 13 piscinas, parque acuático y toboganes de hasta 9 metros de altura. La ciudad también alberga turismo rural histórico que sirve para «respirar aire puro, conocer la naturaleza y degustar los sabores de la región», confirman quienes trabajan en el área de Turismo.

• Concepción del Uruguay: la «Histórica» está rodeada de agua, paisajes verdes con un arco iris de aves y animales, que se completa con atractivos de todo tipo. El Palacio San José, a pocos kilómetros del centro, es la exestancia del general Justo José de Urquiza. La ciudad tiene siete monumentos históricos nacionales, entre los que se destaca el Colegio Nacional, el primer colegio laico del país, donde estudiaron expresidentes. La Basílica de la Inmaculada Concepción, en la que descansan los restos de Urquiza; el edificio del Correo -ex residencia del General-; la Plaza General Francisco Ramírez, constituida en Lugar Histórico Nacional al ser el lugar donde Urquiza inició, contra Juan Manuel de Rosas, al proceso que concluyó con la sanción de la Constitución Nacional en 1852, son algunos de los otros puntos recomendados a conocer. Otros atractivos son las playas y balnearios, las termas en un predio de 30 hectáreas, el Mercado «Manos Entrerrianas» y el circuito de boliches y pubs para los más jóvenes.

• Gualeguaychú: a 230 kilómetros de Capital Federal, y siendo es el primer acceso a Uruguay desde el sur, aprovecha su costa sobre dos ríos con arenas blancas para disfrutar de todo tipo de entretenimientos, dentro y fuera del agua. Invita al descanso entre bosques, arroyos, una amplia variedad de balnearios y campings sobre el río Gualeguaychú y el río Uruguay; dos complejos de termas; y un circuito histórico. Su Carnaval es considerado la fiesta a cielo abierto más grande de Argentina, y se desarrolla en el primer Corsódromo del país.

• Villa Paranacito: El turismo es una de las tres principales actividades gracias a la abundante naturaleza, pero también a la rica conservación cultural de los primeros habitantes nativos (pueblos chaná, charrúas y guaraníes, principalmente. La ciudad, aseguran los lugareños, sirve para «bajar el estrés» y realizar alguna actividad en el agua como la pesca, paseos en lanchas y kayaks; recorridos guiados a pie y en bicicleta en las distintas islas; la visita a un monte nativo donde se logra «desenchufar completamente de la rutina», avistaje de aves y playas.


Fuente: Télam

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